lunes, 28 de septiembre de 2009

Receta #10: Café Aterciopelado de Abrazos















¿Qué necesitamos?


10 clavos de olor
2 palitos de canela
una sonrisa
3/4 taza de café
4 1/2 tazas de agua fría
Crema batida
Canela molida y nuez moscada, para espolvorear
una gran ración de abrazos

¿Cómo lo hacemos?

1. Antes de empezar llama a a alguien que no ves hace mucho tiempo e invítalo a tu casa. Si te dice que no insiste hasta que lo consigas. Y cuando llegue a tu casa dale un abrazo como si fueras a trasmitirle a través de la fuerza lo mucho que has extrañado su presencia. Agradécele con una sonrisa... dile que lo has echad@ de menos. :)

2. Ponga los clavos levemente triturados, palitos de canela y el café en el filtro de la cafetera automática.

3. Prepara el café utilizando 4 1/2 tazas de agua.

4. Sírvalo frío o caliente sobre hielo, en tazas altas o comunes. Añada azúcar. Cúbralo con crema batida y canela molida

Acompaña con unas galletitas de limón o naranja.

Rinde para 6 tazas medianas

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Oración por los Sacerdotes

Dios Todopoderoso y Eterno,
mira con amor el rostro de tu hijo y por amor a Él,
que es el Sumo y Eterno Sacerdote,
ten misericordia de tus sacerdotes.

Acuérdate, oh compasivo Señor, que ellos son sino frágiles y débiles seres humanos.

Remueve en ellos el don de la vocación
que de modo admirable se consolidó por la imposición de las manos de tus obispos.

Manténlos siempre cerca de ti. No permites que el enemigo les venza, para que nunca se hagan participes de la más mínima falta contra el honor de tan sublime vocación.

Señor Jesús, te pido por tus fieles y fervorosos sacerdotes así como por los sacerdotes infieles y tibios; por los sacerdotes que trabajan en su propia tierra o los que te sirven lejos, en lugares o misiones distantes; por tus sacerdotes tentados, por los que sienten la soledad, el tedio o el cansancio; por los sacerdotes jóvenes o por los que estén a punto de morir, así como por las almas de sacerdotes en el purgatorio.

Pero sobretodo, te encomiendo los sacerdotes que más aprecio: el sacerdote que me bautizó o me ha absuelto de mis pecados; los sacerdotes a cuyas misas he asistido y me han dado tu cuerpo y sangre en la comunión.; los sacerdotes que me han aconsejado, me han consolado o animado y aquellos a quienes de alguna forma les estoy más en deuda.

Oh Jesús, manténlos a todos cerca de tu corazón y bendícelos abundantemente en el tiempo y en la eternidad.

Amén.